Historia de la Mujer
Huatusco, Ver. a x de marzo de 2025
¡Muy buenas tardes! Es un placer poder estar con todas,
todos y todes ustedes.
El día de hoy vamos a hablar de historia y por eso me
gustaría comenzar con mi historia: soy una mujer nacida en Huatusco que ha vivido
la mayor parte de su vida en la ciudad de Xalapa, de madre y padre
huatusqueños, con una línea familiar que se remonta a Chiapas, algún lugar en
Polonia, al noroeste de Italia y al bellísimo Huatusco. Y si les soy honesta,
aunque mis ancestras y ancestros pueda pertenecer a muchos sitios distintos, mi
corazón es de las altas montañas y del bosque de niebla. Tengo 32 años, vivo sola
desde hace 13, tengo dos gatos, trabajo medio tiempo como salubrista y el resto
del tiempo lo disfruto en actividades como dibujar, ir a talleres, estar al
pendiente de mi familia, entrenar y convivir con amistades que se han vuelto
hermandades. Y debo decirles que el saber de historia y de mi historia familiar
me llevó a buscar tener esta vida “tranquila”.
Y bueno, ya que me conocen un poco me gustaría hablarles del
por qué el título del breve monólogo de hoy: “la historia de la mujer”, busca
hacer antónimo de esta mal llamada “historia del hombre” que a mi parecer
siempre debió ser la historia de del ser humano o de la humanidad, pero, como
bien sabemos la historia la escriben los ganadores y no estoy diciendo que
nosotras seamos perdedoras, pero durante mucho tiempo, en esta historia del
hombre hubieron muchas historias de mujeres que se quedaron sin ser contadas.
La historia que les voy a contar el día de hoy, es la de
muchas PERO no la de todas y es fundamental hacer este paréntesis porque para
poder escuchar con empatía tenemos que hacernos conscientes de que las personas
que estamos el día de aquí presentes vivimos con ciertos privilegios y que las
desigualdades, las abundantes desigualdades que podemos ver en nuestra sociedad
y en otras, hacen mella en cada una de nuestras vidas y en la de otras mujeres
con situaciones tan diversas que estoy segura, jamás alcanzaremos a imaginar.
La historia de la mujer, las mujeres, comienza donde inició
la del resto de la humanidad: en la prehistoria; una antigüedad remota en la
que todas las personas caminaban, todas cuidaban, todas cargaban, todas cazaban,
todas recolectaban, todas curaban; aunque obviamente todos tenemos talentos diferentes
y mayores habilidades para una u otra cosa, sin embargo, todas y todos sabían
que había que hacer lo que fuera para sobrevivir. Y nuestras familias, familias
desde entonces migrantes, peregrinaban para buscar pastos más verdes dónde
poder descansar y establecerse una temporada. Y cuando por fin llegamos a estos
pastos más verdes fértiles y llenos de recursos nos establecimos y aquí se
sembraron las semillas de la sociedad moderna.
A partir de este momento se empezaron a generar las tribus,
que ya de por sí existían, pero ahora con un sentido de pertenencia aún más
arraigado, secundario a este sentido de pertenencia relacionado con el
establecernos en un solo territorio comenzamos a darle valor a la acumulación
de bienes y recursos, incluidas las personas. Y es aquí cuando nace el
famosísimo patriarcado, yo sé que es un término choteado y al que se le da una
difusión a veces a manera de chiste, pero es muy importante hablar de cómo a
partir de este momento histórico se nos asignó un rol a todas y a todos a
partir de nuestro género, para poder reconocer como este rol ha ido cambiando a
lo largo del tiempo.
A partir de este momento, los hombres se volvieron los
encargados de defender estos recursos que ahora estaban en “posesión” del ser
humano, incluidas: tierras, construcciones, herramientas, sembradíos, animales
y no podemos dejar de incluir a los hijos (futura fuerza laboral y
reproductiva) volviéndose sujetos de guerra, de carga y de trabajo; mientras
que nosotras nos convertimos en sujetas de un entorno más hogareño, las
encargadas de cuidar todas estas posesiones, el problema fue que al volvernos
exclusivas de un entorno privado como el hogar terminamos por convertirnos
también en bienes, ya no éramos las cuidadoras, sino también un recurso para
cuidar el resto del recurso y de generar más recurso.
Estos roles taaaaan antiguos han permeado hasta la
actualidad, el estereotipo de hombre es fuerte, aguerrido, viril, valiente al
extremo de arriesgar su vida y violento, esta supuesta fortaleza la podemos ver
reflejada en las principales causas de enfermedad que atañen a este grupo:
usualmente y hasta nuestros tiempos los hombres no acuden a servicios de salud
para prevenir enfermedades, si no que llegan a los servicios de urgencias por
complicaciones, llevan vidas llenas de excesos y consumos dañinos, ¿qué es más
“varonil” que un gran pedazo de carne y un buen wiski o cerveza?, además, están
expuestos a trabajos que ponen en riesgo sus vidas. Y hablemos de la violencia,
la cual sigue siendo la principal causa de muerte en hombres jóvenes, aunque en
teoría ya en este lado del mundo no vivamos “en situación de guerra”…
Pero hablemos de las mujeres, para entonces, nos fue
asignado el rol de moneda de cambio, de fábrica de recursos renovable, nos
volvimos exclusivas del entorno privado, imagínense desde hace cuánto tiempo se
tiene este estereotipo de la mujer, e incluso estoy segura de que no tiene
mucho que todas hemos escuchamos la frase: “la mujer a la casa y el hombre al
trabajo” y no dicha con ironía… si no con una certeza del supuesto “orden
natural de las cosas”, pero como vemos, a través de la historia, este rol no
fue por necesidad de supervivencia o porque así debieran ser las cosas, sino
por una toma del poder por la fuerza, por eso les mencionaba al inicio que la
historia la escriben los ganadores.
Y sí quiero aclarar que ganadores entre comillas porque,
como ya hablamos, los hombres también han sido víctimas de este sistema y estos
roles que los encasillan. La diferencia es que, a partir de este ejercicio del
poder, ellos se autoasignaron “derechos” que yo más bien llamaría privilegios,
derechos que ha nosotras nos fueron negados y por los que hemos tenido que
luchar de una y mil maneras. Han tenido el privilegio, muuuuucho antes que
nosotras, de poder hablar en público, a usar la ropa que quisieran, a estudiar,
a ser considerados ciudadanos, a que su voz fuera considerada para la toma de
decisiones de sus sociedades, al libre tránsito, el derecho a una vida libre de
violencia… ¡ah bueno! No, ese no, ese es demasiado humanista y por ende lo
reclamamos nosotras primero.
En fin, mientras tanto nosotras estábamos en casa sin tener
derecho a nuestro dinero, sin tener derecho a las propiedades que habían dejado
nuestros padres, sin tener derecho a opinar sobre cuántos hijos queríamos tener,
sin tener derecho a elegir en que ocupábamos nuestro tiempo libre, sin tener
derecho a salir solas de casa sin que se fuéramos consideradas “mujeres
fáciles”, y mientras nosotras teníamos todas estas barreras en nuestro entorno,
ellos estaban ahí afuera haciendo y deshaciendo, aprendiendo, viajando y
conquistando al mundo.
Pero no todas las personas estaban cegadas por los
privilegios o mandatos sociales; ha habido a lo largo de la historia muchos
hombres y mujeres que están dispuestos a poner en tela de duda este “deber ser”.
Desafortunadamente y como ocurre hasta nuestros días la mayoría de estas voces
que se vuelven públicas y que son realmente consideradas son las de aquellas
personas con la suficiente solvencia económica y contactos para que eso ocurra.
Pero, gracias a estos niños y niñas ricos, que además fueron grandes pensadores,
porque no les quitó el mérito, es que a la mujer dejó de considerársele (al
menos en el viejo continente) como un ser sin razonamiento.
A partir de estas acciones disruptivas que pusieron en el
ojo crítico la situación social que llevaba milenios viviéndose y a partir de
la gran capacidad de adaptación de muchas de estas mujeres privilegiadas fue
que fuimos consiguiendo en occidente unos poquitos de estos derechos. Estas
mujeres se fueron infiltrando en el sistema que las oprimía, identificaron las
necesidades que se tenían en la época y su discurso permitió que accedieran a
recursos y situaciones que de otra manera les hubieran sido negados.
Por ejemplo, estas mujeres ricas tenían mucho tiempo libre
ya que contaban con sirvientas y otro personal para poder oprimir más de lo que
ellas estaban oprimidas, esto hacia que ellas “se aburrieran”, por lo que los hombres
que eran dueños de estas mujeres y que no querían tener ahí una mujer que no
sirviera para “nada”, les permitieron aprender. Este acceso a la educación,
aunque fue exclusivo de algunos grupos sociales ¡fue uno de los primeros logros
del feminismo occidental! Y el detonante para muchos cambios posteriores.
Habiendo logrado esto, esas grandes pensadoras reflexionaron
sobre el rol de cuidadora asignado a las mujeres y aprovecharon este pretexto y
el que ya contaban con conocimientos generales pos haber tenido derecho a la
educación para ofrecerle a los hombres una solución a sus problemas: “si yo
como mujer ya me estoy dedicando a la crianza de los hijos y además tengo
cierto nivel de conocimiento te quito esta carga a ti hombre y ¿qué tal si me
dejas a mí la educación de los niños?”. Y cual caballo de Troya consiguieron
ejercer un trabajo que antes era de los hombres, consiguiendo hasta cierto
punto algo de independencia económica al poder ser también proveedoras del
hogar. Obviamente este dinero no era de ellas, era para la familia, sin embargo,
el hecho de que las mujeres pudieran estudiar y trabajar ya dió la pauta para
los derecho económicos, sociales y culturales que hoy vivimos. Esto, les cuento
que ocurrió apenas en el siglo XVlll.
A pesar de estudiar y trabajar, aun no éramos consideradas
ciudadanas con derechos para tomar decisiones políticas y por ende sin la
capacidad para poder votar. Estas mujeres luchadoras se infiltran nuevamente al
sistema y a través de este pretexto de la acción social, para “hacer el bien
sin mirar a quién”, algo fundamental en una sociedad religiosa y moralista, se
avientan a buscar defender los derechos de otros grupos y abolir la esclavitud.
Sin embargo, estas grandes pensadoras y cuidadoras se dieron cuenta de la
ironía de esto: estaban cuidando y trabajando por los derechos de otros grupos
mientras las mujeres continuaban sin derechos civiles y políticos.
Esta fue una lucha que inició con el trabajo de Olympe de
Gouges escritora francesa que parafraseando la Declaración de los Derechos del Hombre y
del Ciudadano, texto fundamental para la revolución francesa, escribió La
Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, a ella la asesinaron
algunos años después porque forma de vida no se adaptaba a lo que se esperaba
de una mujer de aquel entonces y como les sigue ocurriendo a lo largo y ancho
del mundo a muchas mujeres que se atreven a romper con estos roles y
estereotipos.
Pero su muerte no fue en vano, pues detonó un movimiento de
casi siglo y medio en el que las mujeres las mujeres a través de marchas,
peticiones, tomas de espacios, performance, etc… comienza a reclamar este
espacio público. Les cuento que las sufragistas, cuando había votaciones, armaban
cabinas y hacían a través del acto del performance, presencia en estos
espacios, aun sabiendo que además de que por ahora sus voces no serían tomadas
en cuenta, también corrían el riesgo de ser violentadas e incluso encarceladas
por algo que en teoría no le hace daño a nadie, más que al sistema...
Y me gustaría escucharlas ¿cuánto tiempo creen que llevamos
pudiendo votar? allá del otro lado del charco y ¿cuándo recuerdan que empezamos
a poder votar aquí en México? ¿A alguna le tocó o le contó su mamá o su abuela
sobre eso?...
Les cuento que no tiene mucho que comenzamos a votar, apenas
en 1918 en Reino Unido, 1920 en EEUU, 1933 en España, 1946 en Italia y en 1953
en México ¡Imagínense solamente de la historia “después de Cristo” han pasado
2025 años! y nosotras no tiene ni 100 que somos consideradas ciudadanas de un
mundo que llevamos milenios habitando ¿da coraje no? Y da aún más coraje saber
que en muchas partes del mundo estos derechos que deberían ser universales aun
no lo son y que muchas mujeres siguen luchando para obtener apenas el primer
escalón: el derecho a la educación. Que hemos vivido por años siendo para la
sociedad poco más que ganado y que en muchos lugares del mundo, incluido
México, todavía estamos en esa posición.
Y la historia que les cuento como les decía al inicio, es la
historia de muchas pero no de todas porque algunas seguimos batallando para
tener voz dentro de nuestros lugares de trabajo, para salir a la calle sin que
nos maten por el simple hecho de ser mujeres, entre muchos otros problemas del
ahora “cotidiano”. Y es por eso es que tenemos que ser muy fuertes y
resilientes, para poder ejercer nuestros derechos, derechos ganados apenas hace
unos años con mucha sangre, sudor y lágrimas.
¿Y para qué queremos derechos si no los vamos a ejercer? Es
prácticamente una obligación hacerlo, pero esta obligación y la posmodernidad
en la que estamos viviendo (es decir, el mundo hiperproductivo actual) nos
empuja a asumir un nuevo rol. Recordemos que la sociedad educa hombres para no
llorar, para agarrarse a golpes con otros, para no hablar de sus sentimientos,
para que su vida sea el trabajo y para morir jóvenes en accidentes, por
suicidio o por enfermedades que se pudieron haber prevenido yendo un par de
veces al doctor; y ahora nosotras estamos asumiendo un rol mixto: todos estos
estereotipos del hombre más el rol de cuidadora y “buena mujer” estereotipo de
nuestro género; lo que lleva a que en la actualidad vivamos con una carga
laboral, familiar, personal y emocional altísima. Y esto evidentemente pasa
factura directamente a nuestra salud.
Como vimos al inicio de la historia que hoy les conté, la
sociedad patriarcal y el capitalismo siempre han ido de la mano, los roles
sirven y servirán para que seamos productos y productores. Es por eso que las,
los, les invito el día de hoy a pensar en la salud como un recurso, como el ÚNICO
recurso que realmente les pertenece. Y no, con la violencia actual ni su casa
es suya, nuestro sueldos por acá los ganamos y ya los debemos, nuestros hijos
se van de casa, la economía y los recursos externos con los que contamos
realmente no dependen de nosotros, hay detrás un sistema e intereses mucho más
extensos de lo que podemos imaginar y no, el pobre no es pobre porque quiere y
eso se va a ir viendo cada vez más a medida que el deterioro ambiental y
económico aumenta a nivel mundial.
El dinero sí nos da una mejor calidad de vida y mucho tuvo
que ver el dinero y las conexiones con los primeros avances en la lucha
feminista occidental; pero estoy segura de que una sociedad unida pueda hacer
cambios aún más grandes que una sola persona. Eso lo han demostrado a lo largo
de esta historia las Adelitas fundamentales en la revolución mexicana, aquellas
mujeres que quemaron brasieres en las plazas hace 50 años para que tuviéramos
los primeros derechos sexuales y reproductivos; los colectivos de madres
buscadoras que no quitan el dedo del renglón para que vivamos en entornos
seguros y justos, todas esas luchadoras que hacen plantones para que sus hijos
tengan servicios de salud…
Ahora la lucha está en nuestras manos, mujeres empresarias,
hombres empresarios y cualquier otra persona que pueda considerar que ha
"librado al sistema", no seamos ahora nuestro propio capataz. A ver…
¿No me digan que no se permiten comer o dormir a sus horas? ¿descansar? ¿Qué no
se dan el momento para compartir con sus familias? No caigamos en ese juego, en
esa historia de roles tan antigua como la humanidad.
A veces tenemos que soltar parte de nuestras
responsabilidades o lo que creemos que son nuestras responsabilidades para
poder darnos un poco de este autocuidado tan revolucionario y utilizo la
palabra revolucionario porque rompe con los esquemas del “deber ser” impuestos
por la sociedad actual. Recordemos que de acuerdo a las instituciones oficiales
la salud tiene tres ejes principales, o esferas: la física, la mental y la
social, sin embargo, un psiquiatra amigo mío me decía que también la espiritual
y yo opino que cualquier otra esfera que nosotros consideremos que es parte
importante de nuestras vidas como lo sexual, lo nutricional, todo y todas las
esferas que nosotros queramos agregarle a esta definición del ser son válidas y
son valiosas.
Y tal vez tenga que dejar que mi casa se vea un poco sucia para
dedicarme a ser algo que me da placer y me relaja; o puede ser que no llegue a
ese compromiso con conocidos para poder ir a hacer el ejercicio que mi cuerpo
necesita o que no le conteste a mi socio después de las 10 de la noche para
poder tener un descanso reparador. Pero también puede implicar que tome un
trabajo de medio tiempo para poder socializar y generar redes de apoyo porque
lo social y lo emocional importan tanto como lo físico.
En fín, ya me extendí, pero en conclusión … aquellas
personas que no conocen su historia están condenadas a repetirla.
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