Espera

Comenzamos esta carrera con el mismo ritmo, la misma capacidad, el mismo compromiso o al menos... así se comentó.
Corrimos uno, dos, tres...los metros comenzaban a quedar atrás de nosotros y de repente nuestro paso dejó de ser sincrónico, comencé a correr más lento para que pudiéramos ir juntos, pero por más lento que fuera lograbas quedarte atrás. 
¡Caíste al suelo! de rodillas, te levanté y corriste nuevamente con esas ganas con las que comenzamos. 
Y súbitamente ¡volviste a caer! De cara, tirándote un diente. Volví a levantarte. 
Corrimos al mismo ritmo por un tiempo hasta que llegamos a una bajada y mis piernas, por inercia, corrieron aprovechando la gravedad, pero tu, mi amor, no había poder humano que te moviera. 
Mis piernas no me dejaban parar y solo te gritaba para que me alcanzaras, no había más que pudiera hacer. 
Llegué al plano y me detuve, en seco, agotada e impaciente al no verte. 
De repente ¡vi tu figura en la distancia! Así que me senté a esperarte y esperé y esperé y esperé y esperé...

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Agujero

Dysport

Confianza