Muero
Quiero rallarme la frente con ese lapicero que siempre llevo en la mano, que solo se ve remplazado con las teclas de la computadora portátil frente a la que paso más de un tercio de mi día o el respaldo del celular en el que paso otro tercio de mi día.
Rutina, monotonía, falta de rumbo. Recientemente escasean en mi los sueños, de esos que te hacen sentir gozo, emoción o alegría, la aventura que caracterizaba mi ideal de vida. Ahora cuando pienso en un futuro viene a mi una burocracia abrumadora, sueños de "señor", señor con el pantalón ancho y los zapatos de un color incómodamente diferente al de la calceta. Sueños de mal gusto, de codicia, de pasar años aguantando, para llegar a ser "alguien" en este mundillo ridículo que es ser servidor público en un país en el que todo es circo y atole con el dedo.
Me siento triste, me muero por pintarme en la frente una gran cruz, ¡tache por perderse en el camino!, ¡tache por caer en ese juego de mirar la vida como un compromiso y no como una aventura!, ¡tache por acomodarme en esta cama de clavos! ...
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